Fiat iustitia et pereat mundus

Lo aprendí en La paz perpetua, y ahora me entero, gracias a la Wikipedia, de que no se trata de ningún verso horaciano, sino del lema de Fernando I de Habsburgo, pero no va de eso la cosa. Va de Garzón. Lo que le ha pasado a este señor merece varios comentarios (y extensos), pero a mí me vale con dos:

el primero se refiere a que uno no debería extrañarse de que, si a largo de tu carrera te has dedicado a excitar inquietudes y sediciones (Acad. concitar) en el ánimo de gente muy variada pero siempre poderosa, luego te estén esperando faca en mano a la vuelta de la esquina. Garzón nunca ha actuado con la vista puesta en sus contemporáneos, así que tampoco debería importarle demasiado si estos consiguen derribarlo de su escalón funcionarial. Que se dedique a dar conferencias y a cobrarlas bien, y a gestionar su imagen futura y qué dirán las enciclopedias sub verbo, si es que todavía existe de eso. Es cierto que todo en este asunto apesta, y que estéticamente, como decía Gabilondo, no es muy presentable que acusen al juez quienes lo hacen, pero no creo yo que esos sean sus peores enemigos, mucho más cercanos desde un punto de vista ideológico de lo que uno podría pensar prima facie. Eso sí, yo no me sentiría nada tranquilo si todos los apoyos que me llegan procedieran de gente retórica, fachendosa y gesticulante, pero con poca influencia, y si por el contrario fueran mis acérrimos enemigos los que manejan el cotarro.

Ítem más. Garzón siempre ha actuado con cierta autonomía respecto a la norma. Es decir, (y esto es una conjetura, no faltaba más) siempre se ha guiado más por su propio criterio de justicia que por las limitaciones que le imponían las leyes. Es un debate largo (yo lo intuí por primera vez leyendo Los derechos, en serio, de Dworkin), pero hay que tener en cuenta los peligros de esa actitud: un juez honrado intentará ser justo, pero su sentido de la justicia no va a coincidir con las partes, que se van a remitir a la letra de la ley para solucionar sus conflictos; dirán: ‘Oiga, usted, yo no quiero que se haga justicia, sino que se cumpla la ley’. Y si tu sentido de la justicia te obliga a ignorar conscientemente la ley, debes aceptar que estás prevaricando (por un bien superior, quizás, pero ahí queda). Si quieres ser Sócrates, debes aceptar las consecuencias. El problema (para mí) es que en otros casos lo que hizo Garzón coincidió con una communis opinio que pasaba por alto estas menudencias y pensaba lo del título del post, y ahora ha topado con criaturas más polémicas, y ha calculado mal.

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1 comment
  1. Filo said:

    Edgar, por si aún no te has enterado, Garzón es juez instructor. Su función es investigar, que ya juzgará otro.
    Y en este sentido nada que reprocharle, jamás se ha saltado ninguna norma. Lo que pasa es que muchas veces descubre cosas que gente importante y con poder no quiere que se sepa.
    Apoyo totalmente al Juez Garzón y firmo todos los manifiestos que me propongan a su favor.

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