Conversación
Protagonistas: mujer de mediana edad, pelo corto, cansancio generalizado (no solo físico); la hija lleva el maquillaje de las dos. Resentimiento general. Supongo que son madre e hija, pero no podría asegurarlo. Aunque hay un hostilidad manifiesta, se advierte también la intimidad de la sangre. La hija estaba mirando películas y empieza la conversación, que dura los cinco pisos hasta el supermercado. Pero, ¿por qué no lees en lugar de ver películas? Porque no me gusta leer (tono de enfado adolescente). Pero si nunca lo has intentado. Es que no me gusta. Pero si no lo has intentado. Podías leer todos los libros que hay en casa. Con lo que me gustaría leer a mí si tuviera tiempo. Porque, de qué vas a hablar si no lees. No puedes hablar de nada, más que de chicos, de cómo está uno y el otro, de nada más, no puedes hablar de nada más. La hija se muerde las uñas constantemente. Por ejemplo, qué vas a decir si tienes que hablar de… qué sabes por ejemplo de …el Triángulo de las Bermudas, eh. Pues no sé nada, nada, del Triángulo de las Bermudas, soy una ignorante. Aunque claro, tienes a quién parecerte.
Casi cada frase merece una glosa. ¡Qué una glosa, una tesis de Sociología! Frustración, envidia, autoengaño (con lo que me gustaría leer a mí…), todo seguramente justificado.