Cosas nuevas
Esa cupiditas rerum novarum que tan alarmante les resultaba a los romanos y que a mí me gustaría trasladar aquí, pero no puedo. Mientras escribo esta entrada siento que me incorporo al guirigay de blogs que tienen la autorreferencia como único contenido, en un lamentable bucle de solipsismo cibernético (por cierto, para aumentar el narcisismo, he de añadir que la nueva interfaz de WordPress para el iPad es fantástica), materia evidente y evidente fin último de la blogosfera. Uno tiene que explicar el sentido de su espacio, las razones por las que deja de escribir sin previo aviso, por qué de repente decide retomarlo. En resumen, no hay ninguna (razón), aparte del capricho, que en eso de satisfacer caprichos la red es muy cumplida y eficaz comadrona.
Aprovecho esta personal rentrée para trasladar algunas recomendaciones: en primer lugar, la columna del miércoles pasado de Manuel Rodríguez Rivero en El País, donde reseñaba el libro que ha sacado Siruela sobre bibliotecas de escritores. No insistiré en lo que me gusta todo lo que escribe este hombre, porque lo he dicho antes y alguno va a pensar mal. Y añado por mi cuenta que esta manía de retratar a los representantes de la cultura con sus libros como paisaje de fondo cada vez me da peor espina; veo al escritor de turno con su biblioteca a la espalda y me digo ‘a este se lo come luego su estantería Billy, o por lo menos le da un capirotazo por las sandeces que ha dicho’, aunque también podría ser solo una exhibición que tradujera el cisneriano “Estos son mis poderes” al universo bibliográfico. Me quedo con la primera opción.
Además, me da que los cálculos bibliométricos de esta clase de reportajes son a menudo exagerados, porque cuando se habla de volúmenes se dicen miles como si fueran docenas, y basta un cálculo sencillo para comprobar que, a un libro por semana, necesitaríamos ¡60 años! para crear una biblioteca medianeja de 3000 ejemplares. Es el dinero, la voluntad y el espacio, porque dicen 20000 libros y yo no sé si sabéis lo que ocupan 20000 libros, o si ocupan menos espacio que los míos, pero a mí 1000 me ocupan un panel de 5 x 2,5 m y no creo que muchos tengan pisos que multipliquen por veinte esa superficie. Que los habrá, ¿eh?, no digo yo que no, pero menos.
En segundo lugar, los cómics de Paco Roca; de este hombre había leído a retazos Arrugas, que le hizo ganar el Nacional, y El invierno del dibujante, que me gustó mucho. Compré impulsivamente Memorias de un hombre en pijama, en Astiberri, de un tono más desenfadado, y me han hecho soltar carcajadas intempestivas (estaba en el súper y las gente me miraba). Para hombres desorientados y cerca de los cuarenta. Pues eso, ni a propósito.
