Heuschrecken und Ameisen
Entre disparatados análisis freudianos e interpretaciones enfermizas de los cuentos infantiles (llega a parecerse a ese psiquiatra de Primera plana obsesionado con el complejo de Edipo del condenado)
Bruno Bettelheim hace una observación acertadísima (por supuesto, porque coincidía con lo que yo pensaba) a propósito del cuento de la cigarra y la hormiga; dice así:
De acuerdo con el primitivo (e infantil) sentido de la justicia, solo son destruidos aquellos que han hecho algo realmente malo; sin embargo la fábula parece decirnos que es erróneo disfrutar de la vida cuando resulta satisfactoria, como en verano. Todavía peor, en esta fábula la hormiga se convierte en una animal odioso, sin ningún tipo de compasión por el sufrimiento de la cigarra, y aquella es la figura que el niño debe tomar como ejemplo.
Y yo me acordé de Alemania, y de su desagradable papel en todo esto de la crisis, y me parecía que a la canciller se le iba poniendo, pero así, por momentos, cara de myrmicinae.
¿Sabes que uno de estos días, a propósito de la crisis, me vino a la cabeza este cuento?