No es esto, no es esto
Pido disculpas por el préstamo de Ortega, pero es que me viene muy bien, porque la cosa, además, va de periódicos. Que conste que no se me ocurrió a mí (gracias, Isabel), pero había leído en varios sitios quejas similares, y me uno al runrún.
Los lectores habituales de El País sabrán que, desde hace algunas semanas y por unos despreciables 30 céntimos, el sábado deben apechugar (no se me ocurre mejor término) obligatoriamente con un suplemento de moda lleno de satinados, llamativos colorines y mozas exuberantes y jacarandosas. Seguro que los Temístocles del nuevo periodismo piensan que así, sí, que ese era el problema, que los lectores del periódico lo que echaban en falta era una versión cutre del Vogue con el ejemplar del fin de semana y que ahora van a colmar sus anhelos trendies con esta abominable revistucha; que ya no va a haber más pirateo, que se va a terminar la sangría y todos los lectores que han desertado de El País van a olvidar shakespearianas traiciones y desengaños consentidos y van a volver a los quioscos a por su abracadabrante fanzine de estilo.
Pues se equivocan. Si quieren salvar su gordo y estratégico y periodístico culo de papel, estos señores deberían intentar contentar al sector más fiel de sus lectores, que será probablemente el de los que quieren tener un poquito más de mejor información.
Y no, no quiero las cosas más fáciles, bonitas y tornasoladas, que ya las entiendo (y el que no las entiende, no se compra El País); que lo que buscamos (los dos o tres) cuando pagamos 1,20€ por un arcaico papelote es que nos hagan pensar. Yo hasta quitaba las fotos, vamos.

Gracias a ti, Edgar. Yo no habría sabido expresar tan bien mis pensamientos acerca de esa revistucha que ofende a mi inteligencia.